Después de mucho pensarlo me decidí a escribir sobre esta magnífica aplicación llamada CouchSurfing. Erróneamente creía que ya todo el mundo sabía de su existencia, pero aún me sigo encontrando con gente que no sabe de que se trata todo esto de dar (y recibir) hospedaje gratuito a viajeros.

Si sos uno de los que nunca escuchaste hablar de esta página o si tenés una idea vaga al respecto, seguí leyendo que acá te explico qué es y te cuento mis experiencias personales con CouchSurfing.

CouchSurfing: la página mundial para viajar y conocer gente

Sí, básicamente te permite eso: conocer gente local mientras viajas. CouchSurfing nació como una pagina web para contactar a personas de diferentes puntos del mapa en un mismo lugar. Es la red de viajeros más grande del mundo y es totalmente gratis.

Uno de los pilares de la aplicación es, como dice su nombre, “surfear sofás”, es decir, dormir en casa de gente local. Pero CouchSurfing es mucho más que sólo tener “alojamiento gratis” ya que es una herramienta indispensable para conocer gente en su contexto local mientras viajamos al extranjero.

Esta excelente página para conocer y hacer amigos en todo el mundo te permite viajar de una manera diferente. Yo sé que no es para todos, pero te reto a que, alguna vez, intentes alojarte en la casa de un extraño en algún lugar del mundo.

usar couchsurfing es seguro - experiencias personales

La portada de la página de CouchSurfing

La posibilidad de probar comidas típicas caseras y aprender sus recetas de primera mano, conocer el día a día de un local, sus costumbres, pensamientos, y sobre todo crear relaciones y experiencias para recordar toda la vida son algunos de los beneficios que tiene usar CouchSurfing.

Desde que soy miembro de la página fui anfitriona y recibí viajeros de Colombia, Chile, Rusia y Francia en mi casa. Y durante mi viaje por Latinoamérica fui recibida en casa de Argentinos, Brasileros, Colombianos y Venezolanos. También fui recibida en muchas otras casas de Perú, Uruguay, Chile y Ecuador, pero eso no fue mediante la aplicación sino por la hospitalidad espontánea de la gente.

Mis experiencias viajando con CouchSurfing

De todas mis experiencias en CouchSurfing puedo decir que el 99% fueron buenas. Algunas mejores que otras, pero de todas me llevo recuerdos. Sólo hay una que me disgustó un poco en ese momento y se puede decir que la pase “mal”. De todas las demás, tanto recibiendo viajeros como siendo recibida, no me puedo quejar.

Mala experiencia en CouchSurfing: Cuando el olor a pis te nubla la mente

Cuando llegamos con mi amiga Luli a Manizales era de noche. Habíamos hecho dedo todo el día, viajábamos desde Bogotá y estábamos cansadas. Sólo queríamos llegar a la casa de nuestro Host (anfitrión), bañarnos y relajarnos.

Cuando llegamos al barrio donde él vivía, estaba todo muy oscuro y no lográbamos encontrar la casa. Entramos a una despensa que había en la esquina y lo llamamos por teléfono. Andrés, nuestro host, a los minutos salió a buscarnos y nos llevó a su casa.

Cuando entramos a la casa la primera impresión fue de que ahí no vivía nadie. Parecía deshabitada, sin muebles ni adornos. Sólo algunas cosas personales y las mascotas que vivían con el: dos gatos y un perro.

No teníamos problemas con ellos, a mi me encantan los gatos, pero estaba todo lleno de pelos de una manera indescriptible. Ese fue nuestro primer “problema”. Y no digo un poco de pelos, porque yo también tuve y viví con gatos y perros y sé lo que es andar llena de pelos en la ropa, en los acolchados y en las sillas, pero esto era demasiado. El color del piso no se veía de la cantidad de pelos que había.

No era problema que no haya agua en toda la casa, ni para bañarse ni lavarse los dientes, ya que también había estado anteriormente en situaciones así. Podía entender y acomodarme a la situación, además que Andrés nos propuso desde el primer momento ir a bañarnos a la casa de su madre al día siguiente.

Tampoco era problema dormir en un colchón de una plaza sobre el suelo, las dos juntas, porque ya lo habíamos hecho muchas veces durante el viaje. Incluso vivimos tres meses en Chicago con dos colchones como únicos “muebles” en toda la casa.

Andrés siempre fue muy simpático, abierto a la charla y hospitalario. El también era viajero y estaba dispuesto a brindar alojamiento gratis y compartir con estas viajeras los días que fuese necesario. El tampoco era un problema.

El verdadero problema apareció cuando terminada la charla, nos quedamos solas en el cuarto listas para dormir. Ambas empezamos a sentir con intensidad un olor muy difícil de evitar. Ahí adentro no se podía ni respirar. A decir verdad, peor era respirar.

El olor a pis de gato era espantoso. En realidad, no es que lo habíamos empezado a sentir en ese momento. Desde el instante que cruzamos la puerta, cada una en su mente, reconoció el olor y su potencia. Pero cuando nos quedamos solas y caímos en la cuenta que ahí debíamos dormir, fue cuando empezamos a no soportarlo.

Tiramos perfume, desodorante, pero la fetidez en esa habitación no se iba. Yo sólo quería dormir y olvidarme, pero llegué a pensar que me iba a intoxicar con el olor.  Que me iba a desmayar.

Además de los pelos de animal, la casa no se notaba sucia. No es que había pis por todos lados. Pero el olor se había apoderado de cada rincón, de cada partícula de los gases que componen el aire convirtiendo todo en una gran nube de aire de pis. 

No lográbamos entender como Andrés no lo sentía pues era el único olor que inundaba toda la casa. Pero es verdad que uno incorpora rápido los olores, él debía estar acostumbrado y no debía notarlo.

Al final nos terminamos durmiendo, las dos en el colchón de una plaza, alrededor de todos los pelos y con el olor haciéndonos doler la cabeza.

Al otro día agradecimos y nos despedimos. Decidimos que ahí, así, no nos podíamos quedar y nos fuimos, mochilas en espalda, a conocer el centro de la ciudad.

Esta es la única experiencia “mala” que tuve usando CouchSurfing, que a pesar de todo en ese momento me dio mucha risa. Y hoy es de esas anécdotas viajeras que nunca voy a olvidar.

En el teleférico de Manizales después de 2 días sin bañarnos, haber hecho dedo y dormir con mucho olor a pis... este es el resultado.

En el teleférico de Manizales después de 2 días sin bañarnos, haber hecho dedo y dormir con mucho olor a pis… este es el resultado.

Couchsurfing en Brasil: la manera de no aprender portugués

Desde el primer día que llegué a Brasil parecía que el portugués me esquivaba, que no quería que lo aprenda. Usar CouchSurfing era una manera buenísima para conocer gente, pero también para aprender el idioma.

Creo que la mejor manera de aprender otra lengua es cuando no te queda otra y necesitas aprender si o si para comunicarte con la gente. Si nos quedábamos con un local y compartíamos desde charlas hasta comidas en portugués, algo teníamos que aprender.

No sé que pasó en Brasil que absolutamente todos mis anfitriones, por algún motivo, hablaban castellano.

Yo sé que esto puede parecer “común” porque somos países vecinos, pero no lo es. La mayoría de brasileros no saben nada del español y a veces las transparencias entre los idiomas no son tantas como suelen decir. Es muy distinto ir a una ciudad turística donde está lleno de Argentinos que a un pueblo cualquiera donde el contacto más cercano con un Argentino es cuando lo ven a Messi por la televisión.

experiencias malas en couchsurfing contada por viajeros

Nuestro amigo Henri cámara en mano, Ale cantando y los niños de la favela chusmeando y con ganas de aparecer en cámara.

Entonces, al saber mis anfitriones de CouchSurfing español, terminábamos indefectiblemente hablando en este idioma.

El primer amigo que conocimos por Couchsurfing, al sur de Brasil, fue Evandro, que además de un perfecto castellano mexicano era un políglota que sabía 5 idiomas. Un genio que recibió a 5 viajeros de diferentes países en su pequeño departamento de estudiante.

Más tarde, en Cabo Frío, Lucas nos recibió en su casa y nos mostró la ciudad en su castellano chileno que había aprendido meses atrás mientras viajaba por el país. Todavía tenia complicaciones para pronunciar la “r”,  una de las dificultades más comunes al aprender castellano.

couchsurfing- como se usa

Evandro del lado derecho, Steve de Inglaterra, Agusto de Argentina, Ale de Chile y Rebe de España. Todos coincidimos los mismos días en la casa de Evandro e intercambiamos muchas anécdotas viajeras. Incluso con Rebe nos volvimos a ver días después en Florianópolis.

Natalie, linda y minina (sus dos perritas) nos alojaron en su casa una semana mientras hablábamos de viajes, sueños y el mundo en portuñol. Su papá era panameño así que también tenía buenos conocimientos y práctica de castellano, pero para ese entonces, nosotros habíamos puesto como regla intentar hablar sólo en portugués.

En esa misma ciudad, conocimos también por Couchsurfing, a una pareja Peruana  que allí vivía con la cual salimos a caminar y tomar algo. Porque así también funciona couchsurfing: no todo es dar hospedaje gratuito sino coordinar y salir a tomar algo, invitar a un evento, conocer la ciudad.

En Feria de Santana estuvimos en la casa de GianLucca, un italiano viviendo en Brasil. Hablábamos en una mezcla de italiano-portuñol mientras pasaban los días cocinando cosas ricas. Sopaipillas chilenas por nuestro lado y pizzas italianas de su parte.

experiencias de couchsurfing por mochileros

Las famosas Sopaipillas chilenas, la comida que le hacemos siempre a nuestros anfitriones.

Henri es de esas personas que Couchsurfing convirtió en un gran amigo. Al ser oriundo de Foz de Iguazú hablaba castellano a la perfección, además que también le gustaba mucho viajar. Nos quedamos en su pequeña habitación de estudiante una semana, pero volvimos a visitarlo dos veces más en nuestra estadía de un mes y medio en Recife/Olinda. Grabamos un videoclip para Ale, conocimos a sus amigos, y hasta hoy, nunca perdimos el contacto.

Estas son algunas de mis experiencias en Couchsurfing. Por lo general uno se encuentra con gente como uno, con ganas de viajar y conocer personas con culturas e historias diferentes. Como ya dije, es una forma de hacer el viaje más barato, pero no es sólo eso. ¡Espero seguir sumando más anécdotas y experiencias en los próximos viajes!


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