Querida Caracas:

Quiero contarte como comenzó todo.

Cuando decidimos venir a mochilear por Venezuela dijimos: “bueno pero a Caracas no vamos¨. Todo el mundo nos decía tantas cosas malas de Venezuela y especialmente de su capital, de vos, que decidimos dejarte fuera del recorrido. Si Venezuela era el lobo, ir a Caracas era meterse en la boca del lobo, en el eje del caos. Te negamos sin conocerte, te tachamos del viaje por ser la tierra de más de 6 millones de personas. Te dijimos no y nos olvidamos.

Con el paso de nuestros días en el país, de ir entendiendo como funcionaban las cosas y viéndolas con nuestros propios ojos, el gustito de irte a conocer fue creciendo. Ya no era un NO rotundo sino dubitativo. Ale quería rap y sabía que vos lo tenías por montones. Nuestro amigo Hilton del blog Apuesta por la ruta anduvo primero por tus calles y nos comentó que le gustaste. Yo sentía que no podía estar en Venezuela y no irte a visitar, quién sabe cuándo se presentaría de nuevo la oportunidad de conocerte. Sabía que, quizás, no era el mejor momento para un primer encuentro, pero no me quería ir sin verte.

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Caracas desde mi ventana: el estado de béisbol y el gran Ávila.

De un momento a otro parecía que no podíamos saltearte y pasarte de largo. La noche en que nos subimos a el bus, no tenía la menor idea si había sido una buena o mala decisión, pero ya estaba tomada: íbamos a Caracas, te íbamos a ver.

¿Y si te digo que nos sentimos tan a gusto que nos quedamos 20 días? No podría vivir en lugares como vos eternamente, pero, descubrí que me gustan las ciudades, tienen gente, tienen mundo, tienen mucho para ofrecer. Y vos, Caracas, también.

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Caminando por las cercanías de Plaza Venezuela

Será porque iba con bajas expectativas, porque no sabía con que me iba a encontrar (creo que nunca había visto una foto tuya, y si la había visto, ni me acordaba) que me sorprendiste. Me gustaste desde el primer momento.

Nadie me había dicho que la ciudad más peligrosa del mundo, así te llaman por ahí, fuera así de verde. Nadie me había dicho que gozabas de una hermosa montaña llamada Ávila que le da vida a todo a tu alrededor. Caracas no sos la típica ciudad de edificios y rascacielos, de cielo gris, de horizontes de cemento que no termina nunca. No, no sos cualquier capital. Tenés un cielo azul vibrante y estás rodeada de naturaleza, tenés a el Ávila que funciona como norte de todos tus caraqueños. Él es tu guardián, quien ha sido inspiración de poemas, músicas y delirios. Y te cuento, esta gente ama su montaña, por lo tanto, a vos también.

Tampoco nadie me había contado de esa hermosa compañía que tenés todas las tardecitas, de esos cantos y chillidos vestidos de azul y amarillo que hacen que levante mi vista hacia tus cielos. Nadie me había dicho que se posaban en tus árboles, en las ventanas de los edificios. No entiendo como nunca me habían contado que tenías guacamayas, Caracas. Eso ya fue motivo suficiente que justificó el  venir a verte.

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De lo que más me asombró: verlas todos los días volando por la ciudad. Se las ven en todos lados!

Sí, podés estar descuidada, podés estar sucia, la basura abunda en cada una de tus esquinas. Pero en contra parte, por cada una de ellas hay un mural,  un poco de arte urbano y vos sabés cuanto me gusta eso. No me gusta tu metro atiborrado de gente y el calor de la estación Venezuela mientras la gente se amontona, pero me gusta salir de la estación Capitolio, caminar hasta la Plaza Bolívar y ver tu movimiento citadino, a todos los vendedores ambulantes poniéndole bueno a la situación del país. Porque aún con toda la falta de efectivo yo no se cómo hacen para sobrevivir vendiendo donas, helados, dulces, jugos y empanadas. Hay que ponerle pecho mijo, que la vida sigue.

Me gusta caminar y no sentirme insegura. De algún modo me recordás a Buenos Aires o a otras capitales sudamericanas: no me haces sentir insegura, sé que tengo que andar con confianza, pero alerta. Los ojos en su lugar y por las dudas, en la espalda. Por eso también intento camuflarme con vos, cambio mi vestimenta y me mimetizo con los demás. Voy a su ritmo. Porque si bien Caracas no sos fría, aquí nadie viste de corto y remera. Entonces yo hago lo mismo: guardo mi short y ojotas que me acompañan siempre en este tipo de climas y me visto con el único pantalón que tengo y zapatillas. Me mimetizo Caracas, porque si bien no te tengo miedo, sé que podés ser ruda.

Te camino Caracas, porque me gusta descubrirte caminando. De la estación Sabana grande voy por todo tu bulevar – freno un momento a escuchar a esos tipos que cuentan chistes sin hablar- hasta plaza Venezuela. Veo tus edificos, especialmente ese con el cartel de Polar tan ochentoso, tan vintage. Sigo caminando y entro por al Parque de los Caobos, me extraña tu silencio y tranquilidad aquí, por momentos sos tan ruidosa. Es un parque muy grande y los árboles tan altos me refugian del sol.

Al final, pese a todo el miedo y advertencias de peligro inminente, fue una buena decisión venir a Caracas. Menos mal que no la pasamos de largo, tanto nos atrapó que el tiempo se nos pasó volando. ¡20 días acá! Caracas es bella, pese a los malos momentos sue atraviesa, del descuido y el abandono, sigue siendo cautivadora. Será por el Ávila, el abundante verde o esos edificios que rompen con el esquema de lo normal, que resaltan como una obra en sí misma. O será su gente, los vendedores callejeros vendiendo palta, dulces o lo que se te ocurra, que dan movimiento y vida a la ciudad. No sé que es, pero es una de las capitales de Sudamérica que más me han gustado. Gracias a toda la gente linda que conocí en esta ciudad. Caracas de encuentros 😄 #viajandoporvenezuela #Venezuela #worldplaces #wanderlust #viajes #viajando #viajaresvida #viajar #comuviajera #travelgram #travelblog #travel #trip #vzla #venezuelacaptures #instalovenezuela #ciudades #ccs_entrecalles #ccs #caracas17 #igers_ccs

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Sigo caminando hasta llegar a los Museos. Es lunes, están cerrados. Tendré que volver. Camino un poco más y ya estoy en el Teatro Teresa Careño, en frente dos grandes edificios – me dicen por ahí que son las torres de Parque Central- y de fondo algo así como una favela. Hoy llego hasta acá: se hace tarde y tengo que volver. Caracas de noche te volvés muy oscura.

Te camino, voy en metro, hasta en bici. Me encuentro con gente, amigas que recién conozco, amigas que conozco pero no conozco. Me tomo un chocolate caliente y un golfeado. Caracas sos testigo de reencuentros, de primeras veces.

Y sobre todo Caracas sos Las Ranas. La casa y la gente que nos abrió las puertas. La comodidad de la casa, de buenos amigos y buenas charlas. De cada mañana salir a la ventana a verte: una gran ciudad en un espacio chiquito, a ver tu Ávila. Y ver, también, como te encendés de a poco cuando el sol se esconde.

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Con los chicos en nuestra casa en Caracas: Las Ranas.¡Gracias!

Creo que te tengo que pedir perdón. Te juzgué de antemano, me dejé llevar por comentarios ajenos. Caracas resultaste ser no tan terrible. Tus estadísticas te llenan de mala fama, de mal augurio. Estás un poco lastimada y maltrecha, lo sé. Tus calles han visto lucha y sangre, también lo sé. Estás viendo como tu gente agarra sus maletas y salé corriendo lejos de vos. Sí,  yo también lo vi con mis propios ojos.

Pero ánimo Caracas, que tienes mucho por contar y mostrar, que esto pasará y vendrán tiempos mejores.

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La gran ciudad prendiendo sus luces de a poquito..

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15 comentarios

losmundosdejuana · enero 26, 2018 a las 2:56 pm

Precioso cómo lo escribiste!

Jairim Andreis · enero 27, 2018 a las 2:05 pm

Sin palabras!! Me encantó, no sabes cuanto me encanta leer estas cosas tan bonitas sobre Caracas, sobre mi país. Como digo a veces, el mundo puede esar cayéndose a pedazos pero siempre, siempre, siempre habrá algo, algún pequeño detalle que lo consuele todo!

    macatorrente · enero 28, 2018 a las 9:43 pm

    Gracias Jai, me alegro mucho que te haya gustado, salió del corazón jaja. Y sí, siempre, aún en las peores situaciones, hay cosas para rescatar que valen la pena (y aplica a cualquier ámbito de la vida) Un beso!

Vilma · enero 30, 2018 a las 5:14 pm

Hermoso lo que escribiste! Sobre todo por la visión tan refrescante que das!

Adriana · marzo 19, 2018 a las 7:47 pm

Estaba buscando opciones para hacer un trekking a la Gran Sabana y me encontré tu post, muy informativo, pero este de Caracas me dejó prendada y hasta nostálgica. Tengo dos agnos fuera de Venezuela y quiero pasear a mis hijos por esos bellos lugares que aun no conocen de su país natal (por cierto, si quedaste encantada con las playas de Mochima y Morrocoy debes hacer Los Roques en tu próxima visita). Qué hermosa lectura, me quita el temor y me da esperanzas de cambio. Un abrazo latinoamericano!

    macatorrente · marzo 19, 2018 a las 11:13 pm

    Hola Adriana!!! Me alegro mucho que te haya gustado porque es muy sincero de mis días alla. Ya va a llegar el momento en que todo este mejor por tu tierra. Gracias por leer y comentar. Un abrazo latinoanericano!!

Caro Clack · marzo 29, 2018 a las 1:44 pm

Me hiciste llorar. Caracas, ciudad del alma. Guacamayas de mi Universidad. Ávila mejor amiga. Caracas, no hay nadie como tú mi amor.

    macatorrente · marzo 29, 2018 a las 2:36 pm

    Caro que lindo que te gustó💙💙 gracias por leer 🤗

jhom pernia · junio 10, 2018 a las 9:44 pm

Gracias por resaltar lo hermoso de nuestra ciudad, la ciudad donde naci y creci. Llevo su luz y su aroma en mi piel… Gracias

María del Carmen · septiembre 2, 2018 a las 11:00 pm

Gracias por querer a mi maltratada ciudad, de una caraqueña que suspira todos los días con volver

    Macarena · septiembre 4, 2018 a las 11:16 pm

    Ya llegará ese día, estoy segura. Un abrazo María.

Te cuento sobre Caracas – blog de alguien que viaja · febrero 18, 2018 a las 12:40 am

[…] auto y El Ávila te saluda a lo lejos. Caracas sabe cómo atrapar a un turista de cualquier forma. Caracas ha hecho escribir cartas a viajeros. Caracas te despierta otras emociones. Pero aún acá hay personas que no se fijan en los pequeños […]

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