Cuando empezó mi viaje por Brasil no tenía una lista con lugares a conocer. Sabía que había populares playas en el nordeste del país y llegar hasta ahí era un objetivo. A medida que fui viajando y conociendo gente, me fui enterando de lugares que al parecer, no podía dejar de visitar. Así me pasó con los Lençois Maranhenses. Un día hablando con un español en un hostel en Río, me mostró unas fotos del lugar y quedé fascinada. Me dije: ahí tengo que llegar sí o sí. Era bien lejos de donde me encontraba en ese momento, pero sabía que en mi recorrido de sur a norte por Brasil, en algún momento también iba a llegar ahí.
Y ese día llegó.

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Creo que la aventura de llegar a los Lençois fue más emocionante que conocerlos en sí. Bueno, a esta altura del viaje ya bien sé que lo más importante es el camino y no el destino: las cosas más emocionantes y memorables pasan en el trayecto de llegar a X lugar, como todo lo que me ha pasado viajando a dedo por Brasil.

Todo comenzó en Camocín, ciudad del estado de Ceara. Nosotros necesitábamos llegar a Barreirinhas, en el estado de Maranhão, pasando por el Estado de Piauí. Parecen distancias más largas de lo que verdaderamente son, ya que en total no eran más de 400 km. Además tenía en la cabeza que iba a ser complicado llegar porque había leído a los chicos de viajando por un sueño, que la habían pasado fatal intentando llegar a dedo.

Sin embargo, el primer día haciendo dedo nos fue más que bien, dos autos nos acercaron más de 150 km. Llegamos a una ciudad relativamente grande (150 mil habitantes) y viendo que se acercaba la noche, tomamos la decisión de cruzar al puesto de gasolina que estaba al frente de donde nosotros estábamos haciendo dedo y preguntar de dormir ahí.

Cuando estábamos cruzando, por pura costumbre y naturalidad, en broma, levantamos el pulgar. Para nuestra sorpresa una camioneta bajó la velocidad y frenó.

Nos acercamos y nos dijo que nos llevaba. Nosotros, que estábamos bien sorprendidos ya que no lo esperábamos, nos subimos igual. Ya adentro del carro nos dimos cuenta que íbamos muy cerca, ya que precisábamos llegar hasta un cruce donde la ruta se bifurcaba y el señor seguía de largo hacia otro destino. Cuando llegó la hora de bajarnos, ya el sol se había escondido y estaba totalmente oscuro (ya me acostumbré que a las 6 de la tarde se termina la luz solar), y en el cruce no HABÍA NADA. Ni un puesto de gasolina, ni rastro de civilización. Sólo un puesto de la policía federal. Le preguntamos al conductor si más adelante no había algo, algún lugar que sirviera para poner nuestra carpa y no, nada. Lo más cerca estaba a 100 km y eso era desviarnos mucho de nuestra ruta.

Decidimos bajarnos igual. La verdad que muchas ganas de preguntarle a la policía si podíamos quedarnos ahí no teníamos, pero aparentemente no había otra opción. Era eso o dormir al costado de la ruta, lo que era una locura. Sin saber que hacer, al mirar un poco más adelante vimos una tenue luz que parecía provenir de una casa. Nos acercamos y fue entonces cuando vimos a otra pareja de viajeros armando su carpa en la parte de adelante de la casa. Otra sorpresa. ¿Cuántas probabilidades hay que en el medio de la nada a otros mochileros los hayan dejado en el mismo lugar? ¿Y que estemos todos viajando hacia Barreirinhas?

Hablamos con la dueña de la casa, que funcionaba también como un pequeño mercado con cosas esenciales, para preguntarle si podíamos armar nuestra carpa. Sin ningún problema, aceptó. De un momento a otro, la casa estaba llena de extranjeros: la pareja española y nosotros, un chileno y una argentina. Entre charlas y anécdotas, se pasó la noche y nos fuimos a dormir. A la mañana siguiente, después de desayunar, cruzamos a la ruta para seguir con la travesía. Si bien todos íbamos hacia el mismo lugar, lo mejor era separarnos para hacer dedo ya que 4 personas juntas es mucho. No pasaron ni 10 minutos de estar parados que un auto frenó. Lo mejor: iba para Barreirinhas. Un tramo que pensamos que íbamos a tardar bastante, porque no era una ruta principal, lo hicimos de un tirón. Dos horas después ya estábamos en la ciudad que es entrada para conocer los Lençois Maranhenses.

Al llegar a la ciudad sabíamos una cosa: había que hablar con los pescadores para conseguir que te lleven en barco hasta Atins, pueblo que ya esta dentro del Parque Nacional.

La noche de ese día, mientras estábamos en la plaza llegaron dos chicos chilenos que viajaban en bicicleta y su perrita. Ellos terminarían siendo nuestros compañeros en toda esta aventura de ir a los Lençois. Al día siguiente fuimos al muelle a hablar con los pescadores pero no tuvimos éxito: muchos no salían hasta la otra semana, otros decían que no nos podían llevar. Volvimos a intentar al otro día bien temprano, hablamos, preguntamos a todo pescador que aparecía. Finalmente, un señor nos dijo que a las 14 horas salía, pero iba hasta Mandacarú, antes de Atins. Nosotros no lo dudamos. Íbamos con él sí o sí, era nuestra oportunidad. Bicis, mochilas, humanos y perros, todos fuimos en la proa del barco en un recorrido de tres horas por el río Pegruiças. Como fruta del postre: el sol escondiéndose detrás de la vasta vegetación.

Rio Pegruiças enel Parque Nacional de los Lençois Maranheses

Todos (y las bicis) en la proa del barco viajando hacia Mandacarú.

Rio Pegruiças enel Parque Nacional de los Lençois Maranheses

El camino… me sentí en el medio de la selva por un momento!

Ya de noche, el barco amarró anclas en el humilde muelle de Mandacarú. Al bajar, lo primero que tocan mis pies fue arena. El pueblo era todo de arena seca, suelta y liviana. Bastaron unos metros para llegar a la plaza principal, que la alumbraba la luz de la iglesia de en frente. No había mucho más: casas muy humildes, árboles en el medio de la ¨calle¨ y niños que se nos acercaban muy curiosos: eramos casi una novedad.

Preparamos nuestras cosas para cocinar algo ( habíamos llevado muchas verduras y alcohol para cocinar) y armamos nuestras carpas.

Mandacaru,en el Parque Nacional de los Lençois Maranhenses

A la derecha de la foto, la plaza central de Mandacarú.

Al día siguiente nuestras opciones para llegar a Atins eran las siguientes: caminar unos 7 km por la arena hasta allá (y todos nos decían que el camino estaba lleno de agua. De más esta decir que no había autos solo algunas personas tenían cuatris para movilizarse) o intentar que otro barco nos lleve. Intentamos la segunda opción, ya que las bicicletas en la arena eran cargar un peso muerto y caminar tanto con la mochila tampoco queríamos. Nos pasamos todo el día esperando que algún barco de pescadores aparezca. Sin éxito, había sólo lanchas de turismo. Pasamos, entonces, nuestra segunda noche ahí. Ya conocidos en el pueblo, todos sabían cual era nuestra misión. Un chico que trabajaba en el único restaurante que había, se acercó y nos dijo que si para el mediodía no habíamos conseguido quién nos lleve él nos llevaba. Lo que nosotros no sabíamos es que no iba a ser en un barco sino en una canoa a motor. Pusimos las bicicletas como pudimos, amarradas con más fé que seguridad y nos fuimos. Eramos seis personas y una perra en la canoa, y en un momento les juro que pensé que nos hundíamos, que nos íbamos demasiado para un costado. Más que tener un poco de miedo nada sucedió y 30 minutos después ya estábamos en Atins. Otro pueblo de arena, más pequeño incluso ya que ni muelle tiene, pero más preparado para el turismo: se pueden ver varias posadas y restaurantes. Dicen que es la nueva Jericoacoara: luce igual que aquella hace 20 años atrás, cuando no estaba super explotada turisticamente.
Llegamos. Al fin.

Muelle de Mandacarú, como llegar a Atins en barco,Lençois Maranhenses

El barco pesquero que nos llevó hasta Mandacarú anclado en su muelle… De nosotros todos apretujados sosteniendo las bicis en la canoa no tengo fotos, lamentablemente.

¿Qué puedo decir de los Lençois? Son facinantes, esas lagunas de agua dulce no tienen nada que envidiarle a ninguna piscina natural. Transparentes, limpias, rodeadas de arena. Intento tirarme rodando de una duna y caer en el agua. Mejor correr y correr en el silencio del paisaje. Es que no hay nadie. Somos sólo nosotros y el paraíso.
Pienso que toda la aventura de llegar valió la pena. Qué el lugar vale la pena. Qué era como el burro con la zanahoria que no lograba agarrar, todo el tiempo con la idea de llegar, pero el viaje me deparaba otras cosas. Qué cómo es posible que el agua sea tan turquesa, tan cristalina. Qué lo más loco de todo es que es agua de lluvia y en unos meses se evaporará. Ay, la naturaleza, siempre tan efímera y cambiante.

Lençois Maranhenses

Lugares surrealistas sí los hay..

Parque Nacional de Los Lençois Maranhenses, cómo llegar barato.

A la izquierda de las dunas, la vegetación alimento de burros y cebús que andan libres por ahí.. .y más allá… el mar.

La segunda parte de la odisea una vez conocido los Lençois, fue volver a Barreirinhas. Intentar que un barco nos lleve de vuelta era difícil ya que Atins no cuenta con ningún tipo de muelle. Si hay barcos están anclados río adentro. Lo que hicimos fue caminar hasta el fin del pueblo donde esta el camino (de arena) hacia la ciudad, esperando conseguir que alguien nos lleve. Pero al no haber autos y sólo vehículos 4×4 de turismo son los que circulan, fue misión imposible. Ninguno de los pocos que pasaron paraban ya que iban llenos de turistas. Al ver que quedaba poco para que anochezca, tomamos la decisión que antes no quisimos: caminar 7km por el camino de arena hasta Mandacarú. A mi me gusta caminar, suelo caminar 10 km casi sin darme cuenta pero hacerlo con una mochila de más de 12 kilos y enterrándose en cada paso que das en la arena, es algo totalmente diferente. Fue agotador, difícil. Oscureció y caminamos a la luz de la luna, casi llena por esos días. Nos invadieron los mosquitos ya que el camino estaba lleno de pozas de agua estancada, sucia por el paso de los cuatris. En algunos más que pozas eran lagunas, el agua te podía llegar hasta la cintura. Un trayecto que los nativos tardan una hora y media, nosotros tardamos más de tres, porque encima, a veces no sabíamos para donde teníamos que ir porque no era un camino recto ni delimitado. Una verdadera odisea.

De atins a Mandacarú caminando, Lençois Maranhenses

Lagunas así y peores: más profundas y sucias en la odisea de volver caminando a Mandacarú.

LLegamos nuevamente a Mandacarú, y los que nos conocían se asombraron de vernos de nuevo por ahí. A la mañana siguiente, había que esperar de nuevo algún barco que vaya para Barreirinhas. Lo curioso que de los pocos que habían TODOS IBAN PARA MAR ADENTRO, OSEA PASABAN POR ATINS. Parecía broma que justo ahora que ya no los necesitábamos, aparezcan. Otra noche más en Mandacarú. Que terminaron siendo tres, hasta que hablamos con unos chicos de una camioneta que iban para Barreirinhas en la madrugada de nuestro cuarto día allá. BINGO.

La frutilla del postre era que no teníamos plata. Entre los 4 juntabamos 5 reales. Habíamos planeado pasar unos tres días en los Lençois, pero en toda la aventura inesperada de llegar y volver, ya llevábamos siete días. El dinero y la comida (habíamos hecho un recicle enorme de frutas y verduras en el mercado) ya se nos había acabado. Pero como todo el pueblo a esas alturas ya nos conocían, la comida nunca nos faltó. Eso sí, comimos pescado hasta el cansansio.

Volvimos, al fin. 20 km los hicimos en más de una hora por la arena y la abundante agua en el camino. Es más, paramos en una finca que elaboraba farinha artesanal (harina de yuca que en Brasil siempre se la agregan a la comida) a desayunar café y bolo (budín/torta) invitados por el conductor.
Al final de la aventura habíamos llegado (y vuelto) a los Lençois Maranhenses totalmente gratis, haciéndole dedo a: un barco pesquero, una balsa a motor, un camión, una camioneta, y un cuatri (en Atins nos subimos los cuatro y la perra para adelantar algunos kilómetros).

Parque Nacional de los Lençois Maranhenses

Caminando de Atins a Canto de Atins en busca del paraíso.

El agua de las lagunas una ¡maravilla!

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6 comentarios

losmundosdejuana · julio 4, 2017 a las 5:13 pm

No es que me guste, es que me encanta! Ha sido como volver a estar allí y ahora justo hace un año…
Me alegro de que lo disfrutarais como se merece

Carol y Juan de Viajando por un Sueño · julio 13, 2017 a las 2:22 am

Chicos!!!! jajajajajaja qué bien que a ustedes les haya ido bien el dedo por esos lares!! Y qué genial que hayan llegado hasta Atins haciendo dedo!!!! Felicidades, si es que el dedo es cosa de suerte y actitud!!! Gracias por la mención. Menuda aventura!!! Cualquier otra cosa chiflen, y nos pasamos info!!! Abrazo y buenas rutas!!! 🙂

    macatorrente · julio 14, 2017 a las 7:36 pm

    Sii!! Pasaremos por venezuela así que ya los estaré molestando con algunas preguntas! Buen viaje!

      Carol y Juan de Viajando por un Sueño · julio 15, 2017 a las 1:19 am

      Ahhh genial!!!! Suban al Roraima si pueden!! y sí sin problemas nos escribes y en lo que podamos los ayudamos 😉 Venezuela… aiiins… nos enamoró, íbamos a estar 1 mes y estuvimos 5… imaginate.. 😛

Guía para ir a los Lençois Maranhenses – De mochila y sin coordenadas · julio 24, 2018 a las 4:13 pm

[…] Para conocer a fondo los Lençois fuera de un tour programado, hay que ir hasta el pueblo de Atins, ya dentro del Parque Nacional. Para llegar a Atins hay camionetas o jeeps que hacen el viaje desde Barreirinhas por aproximadamente 30 reales (ida) o intentar conseguir que un barco pesquero te lleve por el río. De cómo hice para llegar gratis, sin gastar un centavo, a los Lençois, pueden leer acá. […]

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