Una vez que llegamos a Cuzco, luego de cruzar la frontera Bolivia- Perú, cambiar nuestros últimos bolivianos a soles, dormir en la terminal hasta que se haga de día y salir a buscar algún hostel, nos encontramos de nuevo en una ciudad con altura y con sus callecitas empinadas que con solo subir 100 metros ya estábamos puteando por quedarnos sin aire. Y todavía nos esperaba subir al Machu Picchu, todo un desafío.

Nos tomamos un colectivo desde la terminal de ómnibus hasta el centro de la ciudad, y viajando como sardinas enlatadas cada uno con su mochila, su mochilita de mano y mi carpa, la cual muchos la llamaríamos luego como “la mansión” por la cantidad de gente a la que podía dar refugio y por su comodidad cuando eramos pocos, llegamos hasta la plaza San Francisco.

La primer noche nos quedamos en un hostel con un hermoso jardín, fiesta, alcohol y muchos extranjeros. Terminamos todos borrachos, viendo a yanquis bailar desaforadamente arriba de la mesa compitiendo por tragos gratis y nos fuimos a dormir en una habitación compartida de 12-14 personas, donde un hombre roncó toda la noche – y hasta las 12 del mediodía- como un lechón que tiene la nariz tapada y una espina atravesada en la garganta. Fue insoportable. Luli le tiro un almohadazo en el medio de la noche. La gente se levantaba indignada. Y con ganas de matarlo.

En Perú el turismo debe ser la salida laboral mas rentable. Y los taxis. Todos, t o d o s, tienen un auto que te puede llevar a algún lado. Cada tres personas debe haber un taxi, estoy segura. En la segunda mañana después de soportar y superar como una carrera de obstáculos a los vendedores de excursiones que se abalanzaban sobre uno y te hablaban en mil idiomas por si alguno era el tuyo cuando luego de las primeras palabras en castellano uno no contestaba, conseguimos nuestro paquete a Machu Picchu, una noche y dos días: nos pasarían a buscar bien temprano en la mañana, dormiríamos en aguas calientes, el pueblo turístico mas cercano a las ruinas, y a la mañana siguiente subiríamos.

Además de comprar la entrada para la montaña de Machu Picchu, también existe la posibilidad de subir al Huayna Picchu, la montaña de al frente desde la cuál podes ver a la ciudad inca y sacarte la foto panorámica que es portada de todas las revistas y reseñas. En algún momento fui y fuimos, más que nada con Santi, muy insistentes en conseguir esta entrada también, pero solo hay ciertos cupos por día por lo cual hay que sacarla con varios días de anticipación.

Menos mal. Nos íbamos a dar cuenta después, casi sin aire y con las piernas cansadas como si hubiéramos corrido una maratón, que no estábamos preparados y que íbamos a morir en el intento si subíamos esas dos montañas el mismo día.

Nos quedamos con las ganas de subir al Huayna. Pero los lugares pendientes son siempre un buen motivo para volver. 

Cusco y sus calles.

Cusco y sus calles.

Cusco, Perú

Hermosa, antigua, única.


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